Seguramente alguna vez te has realizado una serie de preguntas que parecen revolotearte en la mente sin cesar y que comunmente se conocen como "existenciales" y de alguna manera te hacen llegar a conclusiones que le van dando rumbo a tu destino.
- ¿ Cuál es mi misión en esta vida?,
- ¿Estoy predestinado a una misión?,
- ¿Que hay para mí más allá de la supervivencia?,
- ¿Qué significado tiene mi vida?,
Y de esta forma nos vamos dando respuesta a lo que será nuestro destino, pues supongo que a toda esta relación de preguntas comúnmente terminas en una última e implícita cuestión que nos deja en un estado de profunda reflexión:
- ¿Hay vida después de la muerte?,
- ¿Si la hubiese, cómo será?,
- ¿Valdrá la pena Construir la presente con tanto esfuerzo y esmero que me sirvan en la siguiente?.
Quizás estemos diariamente lo suficientemente ocupados como para ponerle tanto empeño a respuestas tan complejas y difíciles de practicar, ante la rutina diaria ya sean los estudios, el trabajo, las labores domésticas o sociales o simplemente los problemas que nos mantienen la mente ocupada en resolverlos, sin embargo, el sentido que tengas ante la vida, será finalmente lo que le dé un rumbo valioso, importante y trascendente ante lo cual te invito a reflexionar: ¿Ya le diste un sentido a tu existencia?, y si así fuere, ¿Eres feliz?
Me doy cuenta comenzando por mi propia existencia y partiendo de la de "muchos", que después de que logramos traspasar la barrera de la supervivencia, es decir, de satisfacer las necesidades básicas de nuestra existencia, como son nuestra alimentación o la de aquellos que dependan de nosotros, así como el vestido y todo lo que tenga que ver con nuestro bienestar básico, pues muchos considerarían quizás necesidades básicas un hogar propio, un auto, en fín, lo que se refiere a bienes materiales, que en lo personal pondría en otro término, ya que para mí estos son más bien producto de nuestro trabajo mas no de nuestra trascendencia, es entonces cuando me pregunto: ¿Y ahora qué? ¿Vivo para trabajar? o ¿Trabajo para vivir?.
Más allá de tu dedicación como ama de casa, estudiante o profesionista y aún haciendo lo que más te gusta hacer, ¿Es eso que haces lo que le da significado a tu vida?; en muchos casos la respuesta sería positiva ya que lo que hacen les da satisfacción y quizás ya no sea tan importante la trascendencia de sus vidas y es aquí en donde todo comienza y con la siguiente pregunta: ¿Quiero sólamente alzancar la felicidad? o valdrá la pena esforzarme por trascender, darle un significado más valioso a mi existencia que sirva a través de muchas generaciones o me atrevo a pensar por la eternidad?
Me doy cuenta comenzando por mi propia existencia y partiendo de la de "muchos", que después de que logramos traspasar la barrera de la supervivencia, es decir, de satisfacer las necesidades básicas de nuestra existencia, como son nuestra alimentación o la de aquellos que dependan de nosotros, así como el vestido y todo lo que tenga que ver con nuestro bienestar básico, pues muchos considerarían quizás necesidades básicas un hogar propio, un auto, en fín, lo que se refiere a bienes materiales, que en lo personal pondría en otro término, ya que para mí estos son más bien producto de nuestro trabajo mas no de nuestra trascendencia, es entonces cuando me pregunto: ¿Y ahora qué? ¿Vivo para trabajar? o ¿Trabajo para vivir?.
Más allá de tu dedicación como ama de casa, estudiante o profesionista y aún haciendo lo que más te gusta hacer, ¿Es eso que haces lo que le da significado a tu vida?; en muchos casos la respuesta sería positiva ya que lo que hacen les da satisfacción y quizás ya no sea tan importante la trascendencia de sus vidas y es aquí en donde todo comienza y con la siguiente pregunta: ¿Quiero sólamente alzancar la felicidad? o valdrá la pena esforzarme por trascender, darle un significado más valioso a mi existencia que sirva a través de muchas generaciones o me atrevo a pensar por la eternidad?
Las anteriores son exactamente preguntas que yo denomino existenciales, a las que les encuentro respuestas todos los días de una forma distinta y sorprendente, sobre todo cuando me pongo los lentes del asombro y aprecio la vida desde distintas perspectivas que se van acumulando a mi forma de percibir la realidad; por lo tanto quizás no me preocupe tanto por alcanzar la felicidad, pues a veces creo que ya lo soy, ni tampoco me esfuerzo mucho por trascender, pues en ocasiones siento que naturalmente lo haré siempre y cuando busque el bien. A final de cuentas el valor que le doy a mi existir es el valor que le doy a la vida a cambio.
Es así como comparto con ustedes un día como hoy...
UN DIA COMO HOY
Me desperté esta mañana con la luz natural del día que traspasó mis párpados y agrandó mis pupilas transportándome sutilmente a la realidad; en cuanto lo hice me dí cuenta que sólo soñaba, pues inconcientemente mi mente trabajaba mientras mi cuerpo descansaba, uniendo palabras a frases sin origen ni sentido y emitiendo imagenes que surgían de mi antigüo repertorio de recuerdos guardados en algunos casos en lo más profundo de mi ser, acompañadas por sentimientos difíciles de comprender, así como eventos difíciles de explicar; me quedé sentado junto a la cama, un poco aturdido, tratando de comprender que significaba mi sueño ante lo incompatible y fuera de lugar que resultaba ante el presente y la realidad, pero incapaz de lograrlo pensé que sería mejor tallarme los ojos e incorporarme a las tareas matutinas de rutina; pero ví el reloj y sólo me quedó tiempo para un baño vaquero y medio vestirme, (es decir, tomé los primeros trapos que ví en el closet) para poder llegar a tiempo al trabajo.
El trayecto de mi casa al trabajo, resulta un viaje de 15 minutos que se sienten como si fueran tan sólo 5 por lo relajante que es manejar a través de una sola avenida sin semáforos, compartida a un costado por el mar y al otro por comercios turísticos, algunos abriendo y otros cerrando, admirando el horizonte finito entre el que se juntan el mar y el cielo y sintiendo la brisa del mar en mi cara, así como el viento fresco en todo mi cuerpo, dado que el medio de transporte que utilizo es de sólo dos ruedas, por lo que me permite vivir y disfrutar con mayor intensidad dicho recorrido, apreciando a unos cuantos metros las actividades que se desarrollan a la orilla de la playa, como los pescadores que desembarcan de sus pangas acompañados de peces algunos todavía brincando de la embarcación así como de los pelícanos que se pelean cuando ven que el desayuno puede ser uno de ellos; los deportistas que van corriendo al ritmo de su respiración o simplemente los niños y jóvenes que se dirijen a la escuela aunque pareciera como si se dirigeran a un dia de campo por lo contentos que se les ve; hasta me ha cruzado la mente en más de una ocasión que me gustaría saber pintar para poder llevar a la sala de mi hogar todas esas escenas que me brindan paz durante dicho trayecto, aún así me conformo con mi cámara y de vez en cuando tomo fotos de los veleros, el atardecer o simplemente de las esculturas que adornan la banqueta del malecón.
Desgraciadamente sólo tengo esos quince minutos para admirar el paisaje y percatarme que estoy próximo a llegar a mi trabajo, por lo que en ese instante me reincorporo a lo que me brindará el pan del día de hoy y quizás el de mañana, por así decirlo.
Todos los días en el trabajo comienzan en junta, por lo que es agradable llegar con mi termo de café recién hecho en mano, a preparar rápidamente las novedades que presentaré a los compañeros de ventas durante la misma, así como las noticias pertinentes que les tengo que dar y más gusto me da compartir con ellos las buenas nuevas del día cuando las hay, pues no siempre tengo el honor de agradarlos con las excelentes ofertas que en ocasiones nos brindan nuestros proveedores o bien las novedades que ayudarán a convencer al cliente a comprarnos un auto; también hay días en los que compartimos las penas de un día anterior o la desgracia que algún compañero pudo sufrir con algún cliente y es ahí cuando le pido a Dios sabiduría para encontrar respuestas y proponer soluciones, levantando de esta forma el ánimo que nos permita comenzar el día laboral con el pie derecho y termine siendo un día productivo.
Al terminar la junta del día de hoy, salieron todos de la sala y en un minuto, en lo que levantaba mis cosas, me percaté que me había quedado solo. En ese momento, me regresaron a la mente, las imágenes de aquel sueño que me hizo levantarme con el pulso agitado y las pupilas dilatadas, las cuales eran tan claras y tan nítidas que pareciera como si las hubiera visto en una película o mejor dicho, como si yo hubiera sido el protagonista de la misma. En algunos episodios del mismo recordé imágenes que ni concientemente y cerrando los ojos pude haber recordado, lo cual me llenaba de asombro en esos momentos. Sin embargo, convencido de que no existía en el presente relación alguna con las escenas de dicho sueño, volví a cerrar mi álbum de recuerdos después de un sorbo más de café, decidido a protagonizar la película de un día más que Dios me permitió vivir.
El día de hoy se puede decir que no fué un día ordinario, ni tampoco común. Creo que tampoco lo fué el de ayer o antier; a pesar de que en la mayoría de los días aparentemente comúnes y ordinarios como hoy realizo actividades similares, cada día es diferente por el hecho de que en cada uno tengo la oportunidad de progresar, crecer, aprender y ser una mejor persona. Aún que no pueda presumirle a nadie algún logro o note la mínima diferencia con lo realizado un día anterior, lo poco que haya hecho y que contribuya al progreso de mañana, distingue mi presente de mi pasado. Afortunadamente hoy fué un día diferente, un día de progreso, un día de satisfacción, un día de armonía, que me permitió crecer por lo que aprendí de mis clientes, compañeros de trabajo y de mi familia, por lo que pude compartirles a ellos y porque me recordaron que todo se lo debo a mi Creador. No quiere decir que el día de hoy fuera la gloria que me bendijo con sólo buenas noticias; fué un día en el que interpreté la cruda realidad con la realidad que podría llegar a ser o con la realidad que me gustáría que fuera. Tropecé y Dios me impidió caer. Me atacaron y Dios me dió valor para imponer su justicia. La impaciencia me molestó y la enfrenté con prudencia y aún cuando ésta me venció pude enmendarla a tiempo y me abrió las puertas a nuevas oportunidades. Finalmente el día de hoy fué un día de progreso, pues sin la mezcla de adversidades, retos y pruebas que se presentaron, quizás no estaría escribiendo en estos momentos; de lo que sí estoy seguro, es que el día de hoy me preparó para el día de mañana en el que si Dios me permite, seguiré compactando el camino que El va diseñando para mí; en cada curva tomeré precauciones; en cada recta no me confiaré; en las subidas me esforzaré; en las bajadas no me soltaré. Estoy seguro que el camino que Dios me tiene preparado para mañana, tiene todas las señales claras, visibles y fáciles de interpretar, por lo que confío en El para tomarlo con sabiduría y la humildad necesarias para disfrutarlo y compartir las bendiciones que se presenten en el trayecto del mismo.